Antártica Supervivencias de lo imposible

LUMEN - 2015


LUMEN

L U M E N – 2 0 15 ANTÁRTICA: SUPERVIVENCIAS DE LO IMPOSIBLE

 

ANTÁRTICA: SUPERVIVENCIAS DE LO IMPOSIBLE

 

¿Qué imaginario evoca el paisaje antártico en el transeúnte de cualquier ciudad? ¿A qué conclusiones nos acerca suponer un continente y conocerlo? ¿Qué valor tiene para el arte alcanzar la Antártica?

 

     Es 1912. La tripulación acaba de terminar el improvisado mausoleo de hielo y nieve en el que descansan los cuerpos de Robert F. Scott y otros cuatro compañeros. Antes del zarpe instalan una cruz de madera en su cúspide. El <> deja la Antártica y en la perpetuidad del frío a sus héroes. Sobre la cruz han tallado los versos finales del popular poema <> de Tennyson: “To strive, to seek, to find, and not to yield” (Esforzarse, buscar, encontrar y no ceder). En este gesto el préstamo poético habrá otorgado a Ulises, el héroe homérico, la oportunidad metafórica de una segunda Odisea, mucho más allá de su Itaca, a una región donde se hunden todas las estrellas de Occidente. A su vez, evocar el mundo Clásico, en la figura del héroe marinero, ha dado a la tripulación un horizonte de subjetividad para trascender espiritualmente a la idea de viajar y sobrevivir en un continente ignoto. En lo profundo de la conciencia de cada explorador pareciera que se ha hecho posible resistir, porque el viaje científico se comprende literariamente como una aventura regida por el destino. Como gravitando en una órbita particular, la Antártica ha detenido la historia y el tiempo. Se ha hecho posible que confluyan reflejos del siglo XX y la Antigüedad entre las paredes de los hielos.

    

     Remontarse a los abismos del tiempo, a través de las reminiscencias de la imagen del héroe, supone un primer momento moderno de la configuración de una subjetividad que busca vaciar en un icono la experiencia de lo humano enfrentado a un paisaje desconocido. Tal icono no buscó ser reductivo, sino más bien ensalzó, no con cierta vanidad, la figura de los exploradores, que recubiertos de la excepcional aura de la fama retornaban a sus metrópolis ungidos por una cierta sobrenaturalidad, supervivencia de lo heroico.

     ¿El deseo de viajar a la antártica antecedió al de la luna o fueron sueños comunes de las sociedades capitales? El cineasta francés George Mellies (1861-1938), con una fantástica sensibilidad, supo hacer suyos los anhelos expansionistas de Europa. Siempre bajo una cierta ironía, su comedia critica el avance, torpe y a zancadas, del progreso llevándolo hasta extremos imposibles, como la luna o el ártico. Será también 1912 cuando estrene su película À la conquête du Pôle ” (A la conquista del Polo), en la que sus personajes montados sobre fantásticas tecnologías de vapor, engranajes y cartónes, viven accidentadas peripecias en el hielo. Retornan a París entre fanfarrias, habiendo conquistado con sus máquinas imposibles lugares legendarios no alcanzados todavía por la ciencia.

     Para describir lo desconocido se precisa de metáforas: se retorna a los héroes cuando se oye a los dioses dormir, se busca el Paraíso cuando se cree en las utopías, se viaja a la Antártica pensando en lo increíble, se sobrevive a los filos del frío aferrado a lo imposible. 

 

     Todo el siglo XX parece, salvo excepciones, insistir en el adjetivo “heroico” para referirse al continente blanco. En su mayoría la cultura visual, hasta ahora, ha elaborado imágenes de la Antártica, bajo ese mismo modelo, en el que confluyen la sublimidad romántica de los témpanos, la fragilidad de los navíos presos por el hielo, las siluetas humanas desapareciendo en la ventisca y el desarrollo de las tecnologías del transporte.      

     1992 marcará un hito en torno a la cuestión iconográfica del héroe; cuando Chile en la Expo Sevilla decida exhibir en su pabellón un iceberg traído directamente de la Antártica. Cortado en piezas que se trasladaron en contenedores, fue posteriormente montado en bloques. Chile, en plena “conmemoración” de los 500 años de la llegada de Colón al continente americano, se jactaba de hacerles descubrir en su casa la más desconocida de las tierras. ¿Una ironía, una acción absurda, un atentado ecológico, una audaz performance económica, una estrategia comercial para promover la exportación? De todas formas, la constancia de lo imposible.

     El siglo XXI, que todavía comienza, propone un segundo momento, marcado por la apertura del continente “de la ciencia” a las intervenciones artísticas. Momento que lleva a la emergencia de nuevas visualidades que trascienden a la representación, circundando lo científico y lo poético en lo efímero y personal. Empiezan a disolverse las disciplinas ¿Un encuentro imposible?

     En su tercera versión, el Encuentro Internacional de Arte Contemporáneo y Nuevos Medios LUMEN 2015  invita a presentar piezas de arte sonoro, intervención pública (mapping), conciertos visuales, video arte, workshop temáticos, charlas y actividades de mediación artística, entre las obras y la audiencia, que reflexionen sobre las artes y la supervivencia de lo imposible en la Antártica.

Ricardo Mancilla Garay

Curador